Más allá de lo visible. El peso invisible de la historia familiar

ISBN: 978-631-312-126-7
Páginas: 86

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Más allá de lo visible: El peso invisible de la historia familiar abre una puerta íntima hacia el orden interior. A través de frases sanadoras, ejercicios y preguntas de integración, propone mirar con otros ojos la historia familiar, los vínculos, los duelos, la abundancia y la enfermedad, entre otras cuestiones que nos pesan en nuestra vida diaria. Lejos de ofrecer respuestas rápidas, acompaña un proceso de transformación profunda; así, construye un camino sensible, valiente y reparador para quien está listo para decir sí a la vida.

Sobre el autor

María Cristina Pecoro tiene 70 años y mucho para contar.
Su vida transcurrió en el campo, allí donde el silencio y la inmensidad la conectaron con la naturaleza. Los atardeceres eternos, la escarcha de invierno colgando de los alambrados, las noches (aquellas de cielo estrellado, las otras muy oscuras en las que danzaban los bichitos de luz y las de luna llena, que lo alumbraba todo), el olor a tierra mojada, las tormentas implacables, lo incontrolable… le enseñaron a sentir la presencia de algo más grande: la creación misma de la vida, donde se descubre el misterio de lo que solo ven los ojos del alma.
Luego, la historia la llevó a la ciudad, al trajín de ser madre de cuatro hijos y ahora abuela de un nieto que también ilumina su camino.
Ha dedicado más de 10 años al servicio de un hogar para madres solas y sus hijitos, acompañando y sosteniendo, aprendiendo tanto como enseñando, siempre guiada por lo que nacía de su corazón.
Hoy la vida la encuentra transitando el camino de las constelaciones familiares y del espíritu.
En este camino de transformación y despertar, el destino puso frente a ella a un gran maestro espiritual, el profe, el José, la persona que le abrió las puertas a la profundidad de las constelaciones familiares y del espíritu. Su enseñanza no solo le permitió una mirada más amplia sobre la vida, sino que produjo en ella una profunda transformación interior y le permitió volver a su conexión con ese algo más grande, que llamamos Dios y que nunca se había ido.
A través de ese aprendizaje, pudo reencontrarse consigo misma y comprender su historia desde una mirada más amorosa, consciente y compasiva para acompañar a otros en su propio proceso. Hoy honra profundamente ese encuentro, porque fue parte esencial del cambio que dio un nuevo sentido a su vida y a su servicio.

Valeria Cavallero creció entre el amor de sus padres y el amor y cuidado de su abuela. Un negocio familiar que después se convirtió en heladería fue parte de su mundo desde chica. Hoy, junto a sus hermanas, sigue llevando ese legado adelante en Tortuguitas.
Se casó, se mudó a Venado Tuerto y con su compañero formaron una familia que es su lugar en el mundo. Dos hijas, un marido que la banca y una vida que fue encontrando su lugar. Ellos tres son sus pilares.
Las constelaciones llegaron sin que las buscara. Algo hizo clic. Fue una de esas veces que algo te elige antes de que vos lo elijas.
En diciembre de 2024, a los 46 años, egresó como consteladora familiar junto a sus maestros, José Brunello y María Cristina Pecoro.
Hoy forma parte de Consteladores en Movimiento. Son mucho más que un equipo: son acompañamiento, sostén, fuerza. Son familia. Encontrarlos fue uno de esos regalos que no se buscan y no se sueltan.
Las constelaciones le regalaron algo que no esperaba: una nueva forma de habitar la vida. Con más paz, más liviandad y gratitud hacia todo lo que le sucedió, incluso aquello que no le gustó o le costó atravesar.
No es la consteladora de los protocolos: es la que también estuvo del otro lado. La que se sienta con vos, te escucha de verdad y te acompaña a ver lo que quizás siempre estuvo ahí esperando ser mirado. Eso sí, el palo santo nunca falta.

Mauro Beccaria nació el 13 de marzo de 1982 en Guatimozín, Córdoba, y creció en el campo junto a su familia, en un entorno marcado por el trabajo, el esfuerzo y los valores rurales. Desde muy joven aprendió la disciplina y la responsabilidad colaborando en las tareas del campo mientras completaba sus estudios.
Se trasladó a Venado Tuerto para estudiar Ingeniería Electromecánica, etapa en la que continuó desarrollando su pasión por el taekwondo, disciplina que practica desde los 14 años bajo la guía de su instructor, Alberto Urquiza.
Con el tiempo, decidió dejar la carrera universitaria para dedicarse plenamente al trabajo, la enseñanza y el entrenamiento marcial. Formó su propia escuela de taekwondo y desarrolló una destacada trayectoria competitiva nacional e internacional, con la que alcanzó el título de campeón mundial en varias oportunidades.
Impulsado por el interés en el desarrollo personal, estudió Coaching Ontológico e incorporó nuevas herramientas de comunicación y crecimiento humano. En 2019 comenzó también el camino de las constelaciones familiares, en el que se formó junto a José Brunello y María Cristina Pecoro.
Actualmente, es instructor de taekwondo y facilitador en constelaciones familiares, integrando ambas disciplinas en un propósito común: acompañar procesos de transformación, conciencia y crecimiento personal.

Ariadna Garis tiene 39 años. Nació en un pequeño pueblo llamado Pascanas y creció en Laboulaye, rodeada del amor de su maravillosa familia.
A los 28 años llegó a Venado Tuerto, donde encontró a su compañero de vida y juntos formaron una hermosa familia con sus dos hijas, quienes son una gran inspiración en su camino.
Desde pequeña sintió el deseo de ayudar a los demás, y por eso eligió la docencia como profesión. Se desempeña como profesora de educación especial, tarea a la que dedica parte de su vida con mucho amor y compromiso.
Las artes marciales también la acompañan desde niña. Encontró en el taekwondo ITF un camino de crecimiento, disciplina y valores. Actualmente, enseña esta hermosa práctica con profundo amor, integrando sus principios en su vida cotidiana.
Luego de atravesar la pérdida de una persona muy importante para ella, llegaron las constelaciones familiares a su vida. A través de ellas aprendió a mirar la historia, el dolor y los vínculos desde otro lugar. Así inició un profundo camino de sanación y conciencia.
Hoy siente gratitud por poder compartir este recorrido, acompañando procesos y siendo servicio para quienes buscan sanar, reconectar y vivir con mayor amor y plenitud.

Ángel Acosta tiene 54 años. Es constructor de toda la vida y alfarero por destino.
Los caminos no lo llevaron en línea recta, sino donde tenía que estar. Desde chico fue siguiendo lo que la vida le mostraba, confiando en que detrás había una guía más grande. Para él, fue Dios quien marcó el rumbo.
El primer quiebre llegó con las constelaciones familiares. En plena búsqueda interior, en un momento bisagra, se cruzó con la gran maestra María Cristina Pecoro. Entonces empezó su formación y un recorrido profundo por su propio sistema familiar, mirando lo que dolía para poder soltarlo.
Paralelo a eso, la arcilla apareció en sus manos. No como un pasatiempo, sino como otra forma de constelar: amasar, dar forma, dejar que la tierra hable. La alfarería se volvió su segunda lengua para decir lo que a veces no tiene palabras.
Hoy camina acompañado. Llegó un equipo, un grupo humano con el que conecta y con el que inició un camino nuevo. Sigue el proceso muy feliz de lo que la vida le va mostrando.
Es padre de dos hijos en este plano. Y lleva en el corazón a uno que no llegó a nacer, cuyo lugar también está reconocido.
No separa su oficio de su camino interior. Construye casas, moldea barro y ordena historias familiares. Para él, es lo mismo: dar forma a lo que estaba informe para que la vida pueda fluir.

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